La Divina Comedia: obra maestra de la literatura italiana y la literatura universal.

Entre el primer diseño de esta gran obra en alabanza de Beatrice y el comienzo efectivo transcurrieron quince años de preparación. El poeta puso manos a la obra probablemente hacia 1307. Algunos comentaristas han demostrado que los datos cronológicos internos al poema dan como último retoque del “Infierno” no después de 1309 y del “Purgatorio” no más allá de 1313. En relación con el “Paraíso”, Dante en una carta a Cangrande, probablemente de 1316, comenta los primeros versos y dice que quiere dedicar al señor de Verona esta parte, seguramente en fase de elaboración avanzada. Por las Églogas a Giovanni del Virgilio se deduce que en los últimos años de su vida el poeta trabajaba en esta parte, que acabó poco antes de morir, pues, según testimonios antiguos merecedores de crédito, todo el poema se divulgó póstumamente.

Dante imagina haber realizado su viaje de ultratumba en el tiempo pascual del año 1300, el año del primer gran Jubileo, convocado por Bonifacio VIII para la renovación de la vida cristiana. Y Dante dice haber realizado su viaje al Infierno, al Purgatorio y al Paraíso en ese año y en ese tiempo de gracia no sólo para hacer conocer su peripecia personal de convertido del error y de la culpa, visitando el Infierno; de penitente por las pendientes arriba del Purgatorio hasta conquistar la plena libertad moral; y de privilegiado visitante del Paraíso al que asciende por las distintas esferas celestes hasta la visión final y beatificante del Empíreo; sino también, y sobre todo, para trazar el camino de la conversión, del renacimiento cristiano y de la salvación temporal y eterna “en pro del mundo que vive mal”.

La Comedia, que la posteridad llamó Divina por su contenido y sobre todo por el arte sublime, es la descripción de este viaje o visión, en el que confluyen la vida privada y pública del poeta, las vicisitudes de Florencia y de Italia, de la Iglesia y del Imperio, de la ciencia y de la filosofía, de la revelación Y de la teología, de  la religión y de la política, del mundo, de Dios y de todo el universo. En la obra en la que estaba trabajando desde 1307, la idea de la exaltación de la mujer amada y de la espiritualización de su poesía se amplía a una visión donde Beatriz permanece en el centro del poema, pero la primera intuición se amplía en un concepto político y religioso de renovación universal.

La Divina Comedia es tan personal y tan original, que no se encuentra nada igual en tiempos pasados; y es obra tan orgánica y potente, que se fusiona con alta fantasía y con pasión embriagadora y orienta hacia finalidades excelsas los múltiples elementos legendarios, científicos, filosóficos, políticos, estéticos que confluyen de todas partes.

Las fuentes que más alimentaron el pensamiento y el arte de la Comedia fueron la Sagrada Escritura y la Eneida de Virgilio, con el que Dante se confiesa deudor de su estilo; también Santo Tomás de Aquino y los filósofos y teólogos escolásticos en general, sin que falten puntos sugestivos e inspiraciones de Averroes, Gioachino da Fiore y algunos espirituales franciscanos. Inspiraciones y puntos sugestivos que derivan directa o indirectamente de muchas ingenuas representaciones del ultratrumba cristiano, así como de la Odisea homérica.  La riqueza de sus fuentes no disminuye, sino que da mayor realce al arte y a la originalidad de la Comedia, en la que Dante es deudor únicamente de sí mismo.

Para entender el poema sagrado ayuda mucho el conocimiento del cosmos en el que Dante sitúa el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso que describe en 100 cantos. Después de haberlos visitado siguiendo a Virgilio, símbolo de la razón humana y de la autoridad imperial, el primer y el segundo reino, es conducido por Beatriz, figura de la revelación, de la fe y del magisterio de la Iglesia.

Dante imagina la tierra como una esfera inmóvil en el centro del universo, habitable sólo en nuestro hemisferio, en cuyo centro está Jerusalén. Bajo esta ciudad santa se abre el inmenso abismo del infierno, que, estrechándose en forma de embudo, llega al centro de la tierra. El hemisferio meridional está cubierto por las aguas del océano, en cuyo centro y en las antípodas de Jerusalén emerge la altísima y santa montaña del purgatorio. El sagrado monte tiene la forma de un tronco de cono, en cuya cima se extiende la llana y divina floresta del paraíso terrenal. Desde aquí el poeta asciende con Beatriz al paraíso a través de esferas celestes, transparentes, que dan vueltas alrededor de la tierra fija, cada vez más amplias y tanto más veloces en su movimiento rotatorio cuanto más externas, más cercanas a Dios, primer motor inmóvil.

Sólo la fantasía de Dante podía concebir una imagen tan grandiosa del universo, incluso para hacer comprender el cataclismo que se ocasionó con el pecado de Lucifer, que ha convulsionado el orden universal y llora eternamente bajo el enorme peso del universo, que grava sobre él en el centro de la tierra.

En virtud del sentido alegórico, Dante concibe el ordenamiento moral de los tres reinos de ultratumba, asignando, a la luz de la revelación divina, los réprobos al infierno, los que expían al purgatorio y los bienaventurados al paraíso.

¿Qué criterio ha seguido Dante para dividir y distribuir los espíritus en cada reino? Para distribuir las clases de pecados, determinar la gravedad de las culpas y de las penas en el Infierno, sigue a Aristóteles, que distingue los pecados en orden creciente de gravedad: incontinencia, violencia y malicia. Por eso en los cinco primeros círculos del infierno están castigados los pecados de incontinencia; luego, en el bajo infierno, primero los pecados de violencia o “loca bestialidad”; finalmente, los de malicia o engaño. La distribución de los que expían en el Purgatorio sigue la distinción tradicional o tomista de los siete vicios o pecados capitales, comenzando por el más grave, la soberbia, en la parte de abajo, y subiendo hasta la lujuria del último descansillo del purgatorio. En el Paraíso el poeta sigue la doctrina tradicional que asigna el Empíreo a los bienaventurados.

Ellos se presentan a Dante distribuidos en 9 cielos, según la diversa inclinación con la cual operaron el bien. En el empíreo a Dante se le revela el misterio de Dios uno y trino en una visión luminosa con la cual se concluye el poema.

Società Dante Alighieri