Ideada y realizada por la doctora Eleonora Meneghetti de Muñoz y la doctora Francesca Mannori de Quintana, la cual lleva el título en italiano: II Nostro Dante, un bello título para una espléndida publicación que trata de conducirnos, como Virgilio lo hizo con Dante en su Divina comedia, por los tortuosos caminos y sufrimientos de Dante, pero asimismo nos reproduce las mejores obras de arte que sobre esta obra magistral que se han venido dando a través del tiempo.
La obra se divide en tres partes —recuérdese que el número tres es importantísimo para Dante y la concepción del mundo por aquella época—. El capítulo 1 trata de “Dante: el hombre” El capítulo 2, de “Dante: su experiencia juvenil y su experiencia poética juvenil y el problema de la lengua”. El capítulo 3: “Dante: La Divina Comedia”. En este último capítulo se explica “El cosmo de Dante” y se trata del Infierno. Purgatorio y Paraíso. Dentro del infierno se tuvo a bien publicar un poema mío inspirado en la obra de Dante: el poema VI de mi poemario Canto a mí misma. También se acude a Jorge Luis Borges, el cual escribe Nueve Ensayos Dantescos. Un estudio magnifico en cuanto penetración y forma poética de la obra. Me atrevo a copiar el segmento de Borges que retorna Il Nostro Dante: “Dante pone a Francesca en el Infierno y oye con infinita compasión la historia de su culpa. ¿Cómo atenuar esta discordia, cómo justificarla? Vislumbro cuatro conjeturas posibles (...); la cuarta que no desata el problema, sino se limita a plantearlo de modo enérgico, me parece la verdadera. (...) La ficción jurídica ‘el asesino’ bien puede merecer la pena de muerte; no el desventurado que asesinó urgido por su historia pretérita y —quizá— por la historia del universo.
Dante refiere con tan delicada piedad la culpa de Francesca que todos sentimos inevitable. Así también tuvo que sentirla el poeta, despecho del teólogo que argumentó que si los actos dependían de influjo estelar, quedaría anulado nuestro albedrío y sería una injusticia premiar el bien y castigar el mal. Dante comprende y no perdona; tal es la paradoja insoluble. Y tengo para mí que la resolvió más allá de la lógica. Sintió (no comprendió) que los actos del hombre son necesarios y que así mismo es necesaria la eternidad, de bienaventuranza o de perdición, que éstos acarrean”.
Asimismo, Borges compara a Ulises con Dante: “¿Es posible un parangón entre Ulises y Dante? Muchas veces la escritura de la Comedia le habrá parecido a Dante no menos ardua, quizá no menos arriesgada y fatal que el último viaje de Ulises. Había osado fraguar los arcanos que la pluma del Espíritu Santo apenas indica; el propósito bien podía entrañar una culpa. Había osado equiparar a Beatriz Portinari con la Virgen y con Jesús. Había osado anticipar los dictámenes del inescrutable Juicio Final que los bienaventurados ignoran; había juzgado y condenado las almas de papas simoníacos. ¡Qué afanes la laboriosos para la gloria, que es una cosa efímera! Dante fue Ulises y de algún modo pudo temer el castigo de Ulises”.
En la época de Dante se escribía en latín, pero también empezaban a surgir las lenguas derivadas del latín. Es interesante notar que Dante escogió el italiano, la lengua que empezaba a hablarse en Italia, la lengua volgare, la lengua del pueblo. Por ello no es de dudar que fue Dante el creador de esta lengua neolatina. |